Algo que es importante recordar en la práctica del yoga es que el objetivo de cualquier postura no es completarla, sino sentir cómo el cuerpo se abre en esa dirección.
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La postura es sólo un resultado, pero es en el camino a la postura dónde está el aprendizaje, cuando llevamos el cuerpo y la mente a un estado de unión y armonía, ya que para ejecutar una postura tenemos que tomar conciencia de lo que hacemos, de los movimientos, de nuestra respiración, de nuestros pensamientos, y todo ello nos lleva no sólo a un estado de meditación, también nos enseña cómo reaccionar ante lo que nos sucede, en el cuerpo y en nuestra mente.
De las posturas que más aprendemos es de las que nos parecen más difíciles, ya que requiere intentar, una y otra vez, las veces que sea necesario, y así mejoramos. Y allí radica la clave para avanzar en la práctica: seguir intentando, seguir trabajando, seguir luchando, seguir moviéndonos y así también desarrollamos fuerza y fortaleza tanto en nuestros músculos como en nuestra mente.
A veces conseguiremos la postura, otras no, pero lo que sí queda siempre, en la memoria del cuerpo y de nuestra mente, es el aprendizaje que proviene de algo tan sencillo -y complejo- como lo es el acto de repetir un movimiento una y otra vez. Y es en este acto donde practicamos y entrenamos la disciplina, constancia, y tenacidad, entre otros, y aún más importante, es en este acto dónde nos descubrimos a nosotros mismos, dónde nos reconocemos y encontramos todas estas características en lo más profundo de nuestro ser.
Y cada desafío que se presenta en nuestro camino del yoga es también una oportunidad de crecimiento y aprendizaje continuo, que nos conduce a un estado de plenitud como seres humanos.
Lorena Carvajal


