Curso de funky. Poco a poco ha ido avanzando el curso y ya casi hemos llegado al ecuador. Cuando plantas una semilla y trabajas la tierra con amor, persistencia y constancia, los resultados tardan un poco… pero son gratificantes. Con la danza pasa igual, los esfuerzos tienen su recompensa, pero rara vez, a corto plazo. Por eso, llegados a este punto empiezo a ver los resultados del esfuerzo y el trabajo, y no podría estar más contenta.
En mis clases, entrenamos un poco, estiramos, hacemos coreografías y algún que otro juego, pero hay algo que me parece más importante que todo esto: El respeto y el compañerismo. Estos dos valores me parecen imprescindibles para trabajar en grupo, y no solo para la danza, si no para la vida en general. En mis clases nadie es más que nadie, nadie se va a burlar de nadie; es más, intento crear un espacio seguro donde los txikis puedan probar experimentar, y confundirse sin miedo al juicio externo; de esta manera es como van a encontrar su propio lenguaje y su flow.
Este año se han formado menos grupos que el año pasado, lo cual es una pena, pero, por otro lado, eso me ha servido para poder centrarme mejor en los grupos que sí han salido. De esta manera, he ido conociéndolos y aprendiendo de todos ellxs; y ellxs de mí (o eso espero, al menos). Cada grupo tiene sus peculiaridades, pero todxs son majísimxs y tienen mucha energía para canalizar en la pista de baile. Ahora mismo, estamos preparando varias coreografías para exponer a final de curso. Que se prepare el público, porque van a acabar con agujetas en las muñecas de tanto aplaudir.
La verdad es que estoy super contenta de la oportunidad que me han dado para seguir formándome como profe, poder enseñar mis coreografías y poder compartir momentos tan chulos con unas personitas tan especiales y en unas instalaciones tan buenas.
Mila esker Sarobe, bihotzez
Gracias, Sarobe.
Irene Cormenzana


