UNO ENTRE DOS
Escribo estas líneas todavía con el eco de Herencia muy presente. Y resulta inevitable relacionar lo que ocurre sobre el escenario con esa violencia cruel y salvaje que tantas mujeres siguen sufriendo cada día y que, demasiadas veces, termina arrebatándoles la vida. Precisamente ahí reside una de las grandes virtudes de esta obra: en su capacidad para obligarnos a mirar de frente una realidad incómoda y profundamente dolorosa.
La compañía Kulunka, después de emocionarnos con una trilogía de teatro de máscaras creada con una delicadeza y una sensibilidad extraordinarias, y siguiendo la misma línea de compromiso social de sus anteriores trabajos, en esta obra se desprende de todas las “máscaras” para ofrecernos Herencia, un espectáculo que toma como punto de partida la tragedia en el seno de una familia.
Durante algo más de una hora, la obra avanza sin artificios innecesarios. La escenografía, la iluminación y la música están al servicio de la historia, creando una atmósfera sobria y perfectamente medida El espectador, sin necesidad de realizar un esfuerzo especial, queda atrapado por la densidad interpretativa y por la sospecha constante de que algo grave está a punto de suceder. El suspense que se genera desde el inicio acompaña toda la obra sin ofrecer escapatoria, reflejando situaciones que reconocemos demasiado bien en la vida real.
El texto aborda con gran claridad y precisión los conflictos, silencios y contradicciones que atraviesan hoy en día las relaciones humanas. Los cuatro intérpretes realizan un trabajo impecable, lleno de verdad y de humanidad, sosteniendo una historia emocionalmente muy exigente. Y todo ello sostenido por un trabajo de dirección que a menudo olvidamos reconocer, y que resulta fundamental.
Javi y Alicia, la pareja protagonista, se enfrentan al peso devastador de una herencia emocional marcada por el machismo. Un episodio traumático vivido entre los padres de Javi abrirá una grieta imposible de cerrar en la relación. Javi vive atormentado por el miedo a parecerse a su padre, a haber heredado de él esa violencia que tanto rechaza. Por eso cree que alejarse de Alicia es la única manera de no hacerle daño. Mientras tanto, Alicia lucha desesperadamente por salvar el proyecto de vida que ambos habían construido juntos Pero el miedo termina devorándolo todo. Javi no consigue enfrentarse a sus propios fantasmas y acaba cayendo en una espiral de violencia y descontrol.
Herencia no ofrece respuestas fáciles. Lo que hace es colocarnos delante de muchas preguntas incómodas: ¿qué heredamos realmente de quienes nos precedieron? ¿Hasta qué punto condiciona eso nuestra vida? ¿Cómo convivimos con nuestros miedos? ¿Sabemos amar desde la igualdad? ¿Cómo construimos nuestras relaciones? ¿Qué lugar ocupan la comunicación, la sinceridad o el cuidado mutuo en nuestras vidas?…???? Y quizá la pregunta más inquietante de todas: ¿tenemos también nosotros alguna pieza rota o ausente en nuestro propio puzle emocional?
En tiempos llenos de celofán y apariencias, encontrarse con una obra que pone al ser humano en el centro, con tanta honestidad y tanta fuerza, es un auténtico regalo. Eskerrik asko.
Urnieta 19/05/2026
Koldo Tapia


