«Terror y Miseria en el Primer Franquismo» … Desde la butaca
Hay funciones que terminan con el aplauso. Y hay otras que continúan mucho después, porque despiertan recuerdos y nos hacen volver sobre aquello que un día dio sentido a un proyecto.
Eso es lo que me ocurrió al asistir en el C.A.E. Sarobe a la representación de Terror y Miseria en el Primer Franquismo, de José Sanchis Sinisterra, presentada por Zurriburri Antzerki Taldea bajo la dirección escénica de Mikel Agirregomezkorta.
La obra habla de los primeros años de la dictadura franquista, pero, como ocurre con el buen teatro, también nos interpela desde el presente.
La elección de este texto tiene, además, un significado especial para Sarobe. José Sanchis Sinisterra formó parte de la historia de este espacio desde sus orígenes. Participó en los encuentros internacionales de teatro que se celebraban en el antiguo cine Elizondo, germen del actual C.A.E. Sarobe, y más adelante volvió para colaborar en un proyecto que reunió a compañías de Euskadi y del resto del Estado. Su pensamiento teatral, su generosidad y su compromiso dejaron una huella que sigue viva.
Quizá por eso, mientras avanzaba la representación, no dejaba de repetirme dos palabras: gracias, infinitas gracias.
Cuando impulsamos este proyecto teníamos claro que el teatro aficionado y el teatro de los pueblos no eran un teatro de segunda categoría. Eran una manera de crear comunidad, de defender la cultura, la lengua y el pensamiento crítico. Un teatro que nace de la comunidad y pone a las personas por delante de los recursos.
La propuesta escénica responde plenamente a esa idea. La ausencia de escenografía no es una limitación, sino una elección consciente, cercana al teatro pobre. Un sencillo rectángulo blanco delimita el espacio escénico. Nada más. Todo el protagonismo recae sobre el texto, las interpretaciones y la imaginación del público. La dirección escénica organiza con precisión los movimientos del elenco y demuestra que el teatro sigue encontrando su fuerza en la relación entre actores y espectadores.
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Todo el reparto afronta con honestidad un texto exigente. Quienes hemos seguido la trayectoria de Zurriburri Antzerki Taldea apreciamos el cambio de registro interpretativo que asumen en esta ocasión respecto a sus trabajos anteriores. Siempre he pensado que la actriz o el actor no debe transmitir su propia emoción, sino permitir que sea la del personaje la que llegue al espectador. Cuando eso sucede, el teatro alcanza uno de sus mayores logros: hacer visible lo invisible.
El espacio sonoro acompaña la representación con sensibilidad y contribuye a crear las distintas atmósferas sin reclamar protagonismo.
Al salir de Sarobe tuve la sensación de haber asistido a algo más que una función. Durante unas horas volvió a hacerse presente una manera de entender el teatro que está en el origen de este espacio. Ojalá nunca la perdamos. Porque mientras existan compañías como Zurriburri Antzerki Taldea, seguirá teniendo sentido aquel sueño que dio origen a Sarobe.
Kike Santiago


